
Richard Neumann nació en Prusia del Este, Alemania, el 23 de octubre de 1883, hijo del matrimonio conformado por Hermán Neumann y Augusta Laubinger de Neumann. Realizó sus estudios en la escuela media de Keenigaberg y los universitarios en el Seminario de Waldau, graduándose de maestro en 1903 y de profesor en 1907.
Casado con doña Margarete Kohl de Neumann, él y su familia llegaron a nuestro país al iniciarse la segunda década de siglo XX, procedente de Keenigaber, nacionalizándose panameños.
Neumann comenzó en nuestro país una obra educativa que en distintos cargos no habría de abandonar hasta su jubilación, dejando profundas huellas de ella con el ejemplo constante de su fervorosa vocación docente, de su cultura y su saber, de su hidalguía y gran caballerosidad, de su consagración a la tarea que se le había confiado, y de su capacidad poco común para derivar la máxima eficacia de su labor profesional.
Ejerció el magisterio en el Instituto Nacional como profesor y director, hasta llegar a la Rectoría del Nido de Aguilas. Además, se desempeñó como inspector general de Enseñanza y como director de la Escuela Normal de Institutores.
Fue nombrado profesor supernumerario en enero de 1947 y traductor del idioma español al alemán, en julio del mismo año.
Callada y silenciosa ha sido entre nosotros la actuación del profesor Neumann, como corresponde a quienes orientan sus afanes hacia la formación intelectual y cultural de las nuevas generaciones.
Rasgo destacado también del profesor Neumann fue su leal y entrañable devoción por Panamá, pues, aunque prusiano de origen, no tardó en sentirse espiritualmente vinculado a la república, al adoptar nuestra nacionalidad de manera voluntaria.
Lo hizo obedeciendo a un sincero impulso de cordialidad y afecto hacia el país donde viviera tanto tiempo y donde sucesivas generaciones recordarán a cada paso su obra de cuarenta
años al servicio de la educación.
Maestro en todo sentido de la palabra, puso al servicio de su noble apostolado todo: sus vastos conocimientos y su corazón. Por eso, cada alumno suyo y cada escuela lo añoran con respeto y veneración.
Consciente siempre de la majestad de su trabajo, dedicó su espíritu y su sabiduría a la misión de señalar a la juventud encomendada a sus cuidados derroteros de probidad moral y cultural.
En esta elevada tarea, virtuoso y consagrado, el insigne maestro Neumann fue y sigue siendo faro de luz para las actuales y futuras generaciones.
Con la magia de su fe y de su entusiasmo contagioso por la enseñanza hizo prodigios cuando todo estaba por hacerse en la república.
Su nombre se conservará palpitante en el alma de cada panameño con el correr de los años, como indelegable permanencia en el recuerdo de una vida sin pausas que irradió dignidad y belleza y que señaló, con clarividencia de predestinado, los mejores caminos de la niñez.
por: GUILLERMO MENDEZ PEREIRA
Fuente: Extra Centenario, Diario la Prensa, Página 14, domingo 13 de enero de 2003.






PANAMÁ. Si bien, en la historia electoral panameña las tres magistraturas del Tribunal Electoral (TE) han sido ocupadas por hombres, hubo un capítulo que le cedió el paso a la mujer pero su legado no dejó los mejores recuerdos. Se trata de Yolanda Pulice de Rodríguez, quien hasta ahora ha sido la única fémina que ha ocupado una de las magistraturas del TE. Su ascenso se dio culminando la dictadura.
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